CAPÍTULO 16- Una visita inesperada

Lo que ayer era un horizonte nuevo con su hija en cabeza, ahora era un querer y no poder. Víctor intentó salir de su casa y continuar la búsqueda de la hija prodiga, pero una cosa tan nimia como atravesar un pasillo se convirtió para él en un suplicio. Le fallaban las piernas y tenía que apoyarse en las paredes para no romperse los negros dientes con el suelo. Era un puto lisiado.
"Ding-dong"
-Víctor, ABRE LA PUERTA, CORRE!!!- gritó Juan desde el otro lado de la puerta.
-Ya voy, ya.
-Corre, date prisa!!! Ah, noooooo!!! ¡BAM!
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