|
Temas
Archivos
Enlaces
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2004.
11/03/2004
 Winny de Puh es, junto con el Alicia de Carrol, el Peter Pan de Barrie y El viento en los sauces de Kenneth Grahame, uno de los cuatro grandes clásicos de la literatura infantil, una obra maestra tan apta para niños de menos de diez años como para adultos de un buen nivel cultural. A.A. Milne, el escritor de estas divertidas historias protagonizadas por Christopher Robin -su verdadero hijo- y su oso de peluche Winny, nació en Londres en 1882, y sus primeros trabajos aparecieron en la popular revista satírica Punch. Fue autor dramático, ensayista, y escribió dos novelas policiacas, un par de libros de rimas infantiles, y sobre todo las dos historias, Winny de Puh (Winnie the Pooh, 1926) y El Rincón de Puh (The House At Pooh Corner, 1928), que le dieron fama universal y que hemos reunido en este volumen. Milne nos cuenta con poesía e ingenio los juegos y andanzas de su hijo Christopher Robin con sus amigos favoritos: Winny de Puh, un oso de peluche glotón y un tanto zoquete y cantarín, Porquete, un cerdito inquieto y más bien miedoso, Tigle, un tigre brincador y fanfarrón, y otros habitantes del bosque. La edición incluye las ilustraciones a todo color de Ernst H. Shepard, que han contribuido no poco a convertir a Winny de Puh en un mito moderno de la cultura popular.
13/03/2004
 Apenas desembarcado en el planeta Faros, me llevaron los farenses a conocer el ambiente físico,fitogeográfico,zoogeográfico, político-económico y nocturno de su ciudad capital que ellos llaman 956. Los farenses son lo que aquí denominaríamos insectos; tienen altísimas patas de araña (suponiendo una araba verde, con pelos rígidos y excrecencias brillantes de donde nace un sonido continuado, semejante al de una flauta y que,musicalmente conducido, constituye su lenguaje); de sus ojos, manera de vestirse, sistemas políticos y procederes eróticos hablaré alguna otra vez. Creo que me querían mucho; les expliqué, mediante gestos universales, mi deseo de aprender su historia y costumbres; fui acogido con innegable simpatía. Estuve tres semanas en 956; me bastó para descubrir que los farenses eran cultos, amaban las puestas de sol y los problemas de ingenio. Me faltaba conocer su religión, para lo cual solicité datos con los pocos vocablos que poseía pronunciándolos a través de un silbato de hueso que fabriqué diestramente-. Me explicaron que profesaban el monoteísmo, que el sacerdocio no estaba aún del todo desprestigiado y que la ley moral les mandaba ser pasablemente buenos. El problema actual parecía consistir en Illi. Descubrí que Illi era un farense con pretensiones de acendrar la fe en los sistemas vasculares ("corazones" no sería morfológicamente exacto) y que estaba en camino de conseguirlo. Me llevaron a un banquete que los distinguidos de 956 le ofrecieron a Illi. Encontré al heresiarca en lo alto de la pirámide (mesa, en Faros) comiendo y predicando. Lo escuchaban con atención, parecían adorarlo, mientras Illi hablaba y hablaba. Yo no conseguía entender sino pocas palabras. A través de ellas me formé una alta idea de Illi. Repentinamente creí estar viviendo un anacronismo, haber retrocedido a las épocas terrestres en que se gestaban las religiones definitivas. Me acordé del Rabbi Jesús. También el Rabbi Jesús hablaba, comía y hablaba, mientras los demás lo escuchaban con atención y parecían adorarlo. Pensé: Y si éste fuera también Jesús? No es novedad la hipótesis de que bien podría el Hijo de Dios pasearse por los planetas convirtiendo a los universales. Por qué iba a dedicarse con exclusividad a la tierra? Ya no estamos en la era geocéntrica; concedámosle el derecho a cumplir su dura misión en todas partes. Illi seguía adoctrinando a los comensales. Más y más me pareció que aquel farense podía ser Jesús. "Qué tremenda tarea", pensé. "Y monótona, además. Lo que falta saber es si los seres reaccionan igualmente en todos lados. Lo crucificarían en Marte, en Júpiter, en Plutón..?" Hombre de la Tierra, sentí nacerme una vergüenza retrospectiva. El Calvario era un estigma coterráneo, pero también una definición. Probablemente habíamos sido los únicos capaces de una villanía semejante ¡Clavar en un madero al hijo de Dios..! Los farenses, para mi completa confusión, aumentaban las muestras de su cariño; prosternados (no intentaré describir el aspecto que tenían) adoraban al maestro. De pronto, me pareció que Illi levantaba todas las patas a la vez (y las patas de un farense son diecisiete). Se crispó en el aire y cayó de golpe sobre la punta de la pirámide (la mesa). Instantáneamente quedó negro y callado; pregunté, y me dijeron que estaba muerto.Parece que le habían puesto veneno en la comida.
17/03/2004
 Jack el Destripador comenzó su carrera probablemente el 31 de agosto de 1888. Aunque no hay certeza absoluta, ya que se duda si el asesinato de una mujer, también prostituta, el 6 de agosto de ese mismo año, y que respondía al nombre de Martha Turner, fue también obra suya. En todo caso la policía no dio en su momento publicidad a este caso. Martha fue asesinada por un "largo y afilado cuchillo" entre las 2 y las 3 y media de la madrugada. De todas maneras el hecho de haber sido sorprendida en el mismo barrio de Whitechapel en un pub que todavía existe (El Ángel y la Corona), da motivos a la sospecha El primer crimen oficial, por así decirlo, y el que reconocen todas las crónicas, es el del 31 de agosto de 1888, Mary Ann Nicholls (alias Polly) (prostituta y alcohólica) que muere violentamente con la traquea, esófago y medula espinal, cortados; vientre abierto, etc. Se juzgó que la muerte había sido casi instantánea. En este caso sabemos que la policía no examinó el cuerpo en plena calle, y que lavó el pavimento y el cadáver antes de cualquier examen pericial. Podría parecer un caso de impericia profesional, aunque en la época la tecnología policial estaba en ciernes. También podría haber sido para no sembrar la alarma en la zona, sobre todo si pensamos en los dos casos anteriores que habían sido ocultados. Según el atestado forense "Las heridas infligidas a la víctima han sido hechas por persona experta, que hizo los cortes con absoluta precisión y limpieza." Justo en ese mes, el 27 de septiembre, la policía recibe la primera carta firmada por "Jack el Destripador". Enviada a la Central News Agency, de Fleet Street está escrita con tinta roja (un detalle de humor negro) y en ella se escribe "No cejaré en mi tarea de destripar putas. Y lo seguiré haciendo hasta que me atrapen. El último trabajo salió bordado (...) Retengan esta carta, sin hacerla pública, hasta mi próximo trabajo (...) No les importe llamarme por mi nombre artístico". Cómo se ve, una misiva muy provocadora. Si este mensaje se hubiera enviado en la época actual, podríamos decir que la sociedad se enfrentaba a un "asesino mediático"; alguien que no sólo mataba sino que, además, quería salir en todos los medios de comunicación null
18/03/2004
 Ésta es la hipótesis de un detective retirado británico que después de pasar más de diez años estudiando el caso, concluyó que más de una persona cometió los horrorosos crímenes atribuidos a Jack "el destripador". Trevor Marriot planteó como prueba a favor de su conclusión el caso de dos asesinatos en los cuales las víctimas fueron descubiertas con una diferencia de apenas 12 minutos. "Es altamente improbable que el asesino se haya detenido después del primer asesinato a dar muerte a otra víctima, en un lapso tan breve", afirmó Marriot. El ex detective, quien trabajaba para la policía del condado inglés de Bedforshire, hizo estos comentarios durante una presentación en la ciudad de Londonderry, en Irlanda del Norte. Marriot se dedicó a investigar los pasos de ". Jack "el Destripador" durante 10 años. A Jack se le atribuye la misteriosa muerte de 5 prostitutas en el barrio de Whitechapel, en Londres, ocurridas hace más de 100 años. Durante su ponencia en la Universidad de Ulster, Marriot cuestionó la identidad de muchos de los sospechosos que fueron apareciendo con el pasar de los años. "La mayoría de ellos no merece siquiera que se les califique de sospechosos".
22/03/2004
 Las musarañas no son arañas, tampoco son unas partidas de mus que juegan los amiguetes en el bar de la esquina. Las musarañas son animales nocturnos muy extendidos en Tierra Estella(Navarra). Tienen forma de perro de caza, y emiten sonidos simlares a los grillos. Por eso, si algún día te ves obligado a pasar la noche en esta zona, cierra las tuberías de tu casa con el primer atisbo de grillo. Un día, en fiestas de Mañeru, una pequeña localidad cercana a Puente la Reina, una niña desapareció cuando todo el pueblo estaba en la verbena. Tras días de búsqueda, un anciano del lugar encontró al cuerpo de la chiquilla sin vida en unas cuevas cercanas a Mañeru. Su delicado rostro tenía unas extrañas marcas en la nariz y en las orejas. -Han vuelto las musarañas; no hay duda de que han sido ellas-pensó el anciano, y corrió hacia el pueblo para dar cuenta del suceso. Una vez reunidos todos los habitantes de pueblo, se repartieron los cazamusarañas y partieron a las viejas cuevas de Moria. Los cazamusarañas son unos artilugios diabólicos que emiten un sonido que revienta a estos seres. Estas armas llevaban decenios guardados en la ermita de Mañeru, esperando a que volvieran las malditas musarañas para descargar su potencia contra ellas. De este modo, todo Mañeru, desde los más viejos hasta las pequeñas criaturas, entró en Moria. De súbito, un enjambre de musarañas se echó encima de los humanos, devorando a la mitad del ejercito de Mañeru. Pero Aitor, hijo de Isidro, reaccionó, y con su matamusarañas, aniquiló a todas ellas, jurando que jamás volvería ninguna musaraña a aparecer por Mañeru.
23/03/2004
 (...)En una calle, detrás de la reja de un amplio jardín, donde surgía la blancura de un lindo castillo bañado por el sol, había un chico hermoso y fresco, vestido con un traje de campo lleno de coquetería. El lujo, la despreocupación y el cotidiano espectáculo de la riqueza, pone tan lindos a estos niños que parecen hechos de distinta pasta que los hijos de la medianía o la pobreza. Cerca, sobre el pasto, había un muñeco espléndido, nuevo como su dueño, barnizado, dorado, vestido de púrpura y cubierto de plumitas y brillos. Pero el chico en vez de distraerse con su juguete preferido, observaba lo siguiente. Del otro lado de la reja, en la calle, entre cardos y hortigas, había otro chico, sucio, raquítico, negro, hijo de paria en quien una mirada imparcial encontraría belleza -como el conocedor intuye una pintura genial bajo un barniz de carrocería- limpiándole la repugnante pátina de miseria. A través de los barrotes simbólicos que separan ambos mundos, la calle y el castillo, el chico pobre mostraba al rico su propio juguete, que éste observaba ávido, como un objeto raro y desconocido. ¡El juguete que el pequeño zaparrastroso provocaba, agitaba y sacudía, era una rata viva! Sin duda para economizar, los padres habían sacado el juguete de la vida misma. Los dos chicos se reían juntos, fraternalmente,con dientes de idéntica blancura.  Aquel día era domingo. Una de ésas tristes y grises tardes de resaca dominguera. Victor José yacía bocabajo en el suelo de su habitación. Cuando despertó, notó que su mejilla sentía frío. El típico frescor que siente la piel cuando está húmeda. Al despegar la cabeza del suelo, advirtió que un hilo viscoso se extendía desde su cara hasta el charco de vómito sobre el que había descansado su cabeza la noche anterior. Las arcadas que le produjo ese olor y esa sensación le obligaron a levantarse de un salto y salir corriendo hacia el baño. Pero la falta de reflejos propia de su estado le llevó a afirmar el pie sobre el mismo charco que le había servido de almohada. Victor José voló por los aires y fue a estrellarse de cabeza contra el armario. Cuando recobró el conocimiento, Victor José trató de recordar lo sucedido. Todo le daba vueltas. No comprendía cómo había llegado a aquella situación. Ni siquiera era capaz de decir qué había hecho la noche anterior. La cabeza le dolía mucho. Se tocó la frente y notó un bulto. Miró su cuerpo. ¿Por qué estaba vestido?, ¿por qué tenía un chichón en la frente?, ¿por qué había un charco de vómito difuminado a un metro de donde él se encontraba? y ¿era suya la sangre que manchaba sus manos y su jersey?Tanta confusión le desbordaba. Tenía demasiadas preguntas sin respuesta y, lo que es aún más inquietante, no había nadie que pudiera responderlas. Se incorporó. Le dolía todo el cuerpo. Arrastrando los pies y semiencorvado se dirigió al cuarto de baño. Abrió el grifo y comenzó a lavarse las manos. El agua dejó de ser incolora de forma inmediata. El rojo inundaba el lavabo. Victor José se quedó inmóvil ante aquella estampa. Alzó la vista y sus ojos se cruzaron con los de un desconocido que le miraba atónito. Aquel rostro le resultaba ajeno, pero era su reflejo en el espejo. Le costó reconocerse, y deseó no haberse reconocido, pues ahora veía que la sangre también había corrido por su barbilla proveniente de su boca. Sumergió su cara bajo el chorro incoloro y se enjuagó la boca intensamente hasta que el agua volvió a ser insípida. Levantó despacio su cabeza para contemplar nuevamente su rostro. El agua corría por su cara. Se miró en el espejo. Ahora parecía tener mejor aspecto. Abrió la boca y se horrorizó al comprobar que le faltaban un incisivo y un colmillo... (CONTINUARÁ)
27/03/2004
 Aterrorizado, Víctor José no sabía por dónde empezar. ¿Qué cojones había hecho esa noche? ¿Con quién salí? ¿Por qué coño me han puesto el nombre de Victor José, nombre hortera donde los halla? De pronto, se le ocurrió una idea. El desdentado Víctor José se dirigió al "hall" en busca de su gabardina. La prenda estaba casi en peor estado que su persona; que ya es decir. Introdujo el muñón que tenía como mano en uno de los bolsillos y sacó el teléfono móvil. Este objeto sería indispensable para atar cabos sueltos. Encendió el celular y vio cómo tenía varias llamadas perdidas de números que no tenía almacenados en su tarjeta SIM. Mosqueado, Vicente José llamó a uno de ellos. - Afrodita , dígame?- respondió una sensual voz. -Hola, soy Vicente José Morales, y me he despertado esta mañana y tenía una llamada sin contestar de este número- espeté. -Ahh!, ya me acuerdo- respondió aquella voz-. Sí, le hemos llamado para avisarle que anoche usted se dejó el coche aparcado en el parking de nuestro establecimiento. -No jodas¡¡¡- exclamé-. ¿Podría facilitarme la dirección de su local? Es que no me acuerdo exactamente de la calle. A la mujer se le saltó por un instante la risa. Con la dirección en la mano, acudí al local Afrodita, que se encontraba en la calle Primo de Rivera. Aquel nombre me había hecho suponer que se trataba de una floristería, pero mis especulaciones se vinieron abajo nada más avistar el dichoso local. (Continuará...)
31/03/2004
 Victor José se alegró de no haber olvidado las llaves de su coche en casa. Las había encontrado tiradas en el suelo, cerca de la puerta de entrada de su apartamento. En ellas vio escrita la palabra Ford, pero ni siquiera recordaba poseer un coche. -En fin -se dijo-, a ver qué coche tengo... Paró un taxi en mitad de la calle. El taxista, sin siquiera mirarle, le preguntó con desgana: -¿A dónde vamos? -A la calle Primo de Rivera. Busco el establecimiento Afrodita. Al oir eso, el taxista levantó la mirada hacia el retrovisor y encontró la triste y pobre mirada de Victor José, pero prefirió fijarse en su labio partido, su desaliñe y su apariencia de haber resucitado recientemente. -Si es que siempre me tocan los más raros -masculló el taxista mientras volteaba con la lengua el palillo que llevaba en el lateral de su boca. -¿Conoce ese local? -se interesó Victor José. -Sé donde está. Victor José se percató de que el taxista no estaba de buen humor y decidió dedicarse a ver pasar el mundo a través de la ventanilla. Apoyó su cabeza en el cristal y en el respaldo. Le relajaba notar el rebote de su cabeza contra el cristal. Aquella película a cámara rápida contribuía al estado de relajación que le embriagaba. Victor José se despertó sobresaltado por un gruñido. -¡Son doce euros! -le gritó el taxista. Le costó reconocer aquel rostro embrutecido. Se incorporó mientras miraba a través de la ventanilla tratando de reconocer aquella localización. Sacó su cartera y pagó al taxista. Las luces de neón con las que estaba escrita la palabra "Afrodita" le revelaron la naturaleza de aquel local. Miró al otro lado de la calle y vio varios coches apracados. Sacó la llave del suyo y apretó el botón de apertura. "Bip, bip". Unos destellos fugaces de los intermitentes acompañaron el doble pitido que delataba cuál era su coche. "Bip". Victor José cerró nuevamente el coche y se dirigió decididamente a averiguar qué le había pasado. En cuanto cruzó la puerta el día se convirtió en noche. La oscuridad era tal que sus ojos tardaron varios segundos en acostumbrarse a tan baja iluminación. Pudo ver claramente una barra (pues ahí la iluminación estaba un poco más alta) y, tras ella, un corpulento camarero. Se dirigió hacia él. -Hola -el camarero respondió con un movimiento de cabeza-, deseo hablar con la chica que antes me contestó al teléfono. Sin soltar el vaso que estaba secando con un trapo el camarero señaló hacia una señorita que se arreglaba las uñas sentada tras una mesa. Victor José se dirigió lentamente hacia allí. -Hola -dijo. La señorita levantó su cabeza y sonrió efusivamente mostrando el chicle que atrapaban sus dientes mientras decía un agudo "¡hola!". Aunque su sonrisa pronto se tornó en una desagradable mueca en cuanto examinó el aspecto de Victor José. -Soy el que ha llamado antes- explicó Victor José. -Ya lo sé -respondió la señorita-. ¿Qué te ha pasado? -Por eso estoy aquí. Quiero saber qué hice aquí ayer. La señorita le miró con cara de incredulidad. -¿Me está tomando el pelo?- pensó para sí. (CONTINUARÁ...)
|